Exponiendo la Apostasía del Tiempo Final – Las Tradiciones: Día de los Muertos. #3
- Pastor Francisco Gomez
- Blog, Enseñanzas

Exponiendo la Apostasía del Tiempo Final – Las Tradiciones: Día de los Muertos. #3
Hablaremos sobre una de las tradiciones apóstatas, una tradición idólatra, una tradición que es una blasfemia hacia el Señor y abominable a sus ojos: la celebración, la tradición del Día de los Muertos. Muchas iglesias, incluso muchas iglesias cristianas de diferentes denominaciones critican en este tiempo a las naciones y a otras iglesias donde se celebra y se adora a la Santa Muerte. Incluso, aunque no es un secreto, casi todo el mundo ya sabe que hay iglesias en muchos países, especialmente latinos, y también aquí en Estados Unidos, donde se adora o su Dios es la Santa Muerte.
Muchas denominaciones dicen: “Oh, eso es malo, eso es idolatría, o eso es del diablo, eso es brujería”. Y ciertamente, todas las iglesias y todos los que piensan así sobre esa iglesia de la Santa Muerte están en lo correcto, porque es idolatría, es brujería, es del diablo. Pero hay un problema: una gran mayoría de las iglesias cristianas, también celebran a la Santa Muerte de una manera diferente, solo que no lo saben.
Entonces, en pocas palabras, el diablo se disfraza de ángel de luz, y el diablo, incluso a la iglesia cristiana, incluso a los mismos que saben que es malo lo de esa práctica, de esas iglesias de la Santa Muerte, pero el diablo de una manera u otra, como se disfraza de ángel de luz, enmascara, maquilla el mismo engaño de una manera diferente, y hace que, en las iglesias cristianas, en las iglesias que dicen servir a Jesucristo, también se adore a la Santa Muerte.
Te invito a que perseveres hasta el final de la enseñanza, y para el final de la enseñanza, explicaré con más claridad de qué manera la mayoría, muchísimas iglesias cristianas celebran a la Santa Muerte, celebran al mismo demonio, solo con un nombre diferente. Pero antes de eso, vamos a estudiar muchos versículos de la Biblia, donde con la palabra de Dios, tendremos un mayor entendimiento de quién es la muerte, y cuál es la manera en que el Señor mira la muerte, y si es algo que las iglesias deben celebrar, participar y hacer.
Algunos de los puntos que deseo que entiendan en esta enseñanza son seis.
1) La muerte es un reino, representa un reino, y ese reino representa al diablo.
Estos puntos que les estoy compartiendo, los miraremos más claramente con la palabra de Dios. Porque al final de cuentas, lo que uno piensa individualmente, ¿de qué sirve? Lo importante es lo que diga la palabra de Dios.
2) La muerte entró por el pecado, y la muerte reina a través del pecado.
La muerte es un reino, y para que la muerte adquiera ese poder para reinar, lo que le da ese poder es el pecado.
3) Los que mueren con Dios, están mejor que nosotros. La verdad os hará libres.
Es decir, no hay que lamentarse tanto por aquellos que murieron, si verdaderamente murieron con Cristo, ya están mejor que nosotros. La verdad nos libera incluso de la tristeza.
4) Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos.
5) La muerte es un enemigo, y será destruido.
Y por igual serán destruidos todos aquellos de ustedes, y aún de los que me leen, si no se arrepienten de adorar a la muerte. Es un enemigo, y será destruido, y los que le adoren y le sirvan, si no se arrepienten, también serán destruidos junto a ella.
7) La manera en que las iglesias adoran a la muerte.
Les compartiré de qué manera muchas iglesias que dicen ser cristianas, muchas iglesias que critican a los que adoran a la Santa Muerte abiertamente, a través del engaño el diablo hace, que como quiera también ellos mismos adoren a la Santa Muerte. El diablo se disfraza de ángel de luz, pero gloria a nuestro Señor Jesucristo, que nos está dando entendimiento, y exponiendo las obras del diablo.
Voy a leer un pequeño párrafo que tomé de Wikipedia, donde más o menos se describe a la Santa Muerte. Dice:
«La Santa Muerte, Santísima Muerte o Muerte, es una imagen de culto…”
Una imagen, ahí tenemos un problema: idolatría. La palabra dice: “No te harás imagen”.
“… que personifica la muerte, y es objeto de culto en México, Latinoamérica y el mundo.”
Es una imagen que personifica la Santa Muerte, y es un objeto de culto, es un objeto de adoración. Ahora han hecho iglesias con el nombre la Santa Muerte.
“Diversas iglesias cristianas como la católica, la evangélica, la pentecostal, la bautista, presbiteriana, metodista, anglicana, entre otras, rechazan y condenan su veneración, considerándola diabólica para sus fieles. La muerte no puede ser mala para ellos, ya que forma parte de la naturaleza misma, al igual que la vida.”
El diablo muestra las cosas muy bonitas: “La muerte no puede ser mala, porque representa parte de la naturaleza misma”. No, naturalmente no estábamos supuestos a morir, es una mentira del diablo.
Cuando el Señor creó a los primeros hombres; el primer hombre y la primera mujer, no los creó con el propósito de que murieran. Ellos murieron porque desobedecieron la palabra de Dios. Ellos mueren, todos morimos. Ahora bien, no es por la naturaleza en sí, es por el pecado que entró a través de ellos. Más a través de Cristo somos redimidos. Por lo tanto, el que en él cree, el que recibe su palabra y la guarda, ya no muere. Porque él es el camino, él es la resurrección y él es la vida, y a través de él tenemos vida y vida en abundancia.
Leamos algunas de las palabras que hablan sobre la muerte y así conoceremos verdaderamente quién es la muerte, y si es sabio para los hombres y las mujeres hacerle culto.
1) La muerte es un reino, representa un reino, y ese reino representa al diablo.
En Romanos 5:17 dice:
«Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte…»
Muy importante, por la transgresión de uno solo reinó la muerte. Aquí no está diciendo que la muerte es un reino, pero que reinó por la transgresión, es decir, por el pecado, porque antes del pecado no reinaba, no reinaba sobre los hombres, reinó por el pecado.
Y la palabra continúa:
«…mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia»
Aquí, la palabra misma, la primera palabra que leemos en Romanos 5:17, nos está haciendo un contraste. Es decir, está poniendo en un lado que reinó la muerte a través del pecado, pero entonces está poniendo en otro lado, como otro extremo, son como polos opuestos. Por un solo hombre entonces, reinará la gracia a través de la justicia. A través de Jesucristo somos justificados del pecado. A través del pecado entró la muerte y morimos, pero a través de Jesucristo, de su gracia y misericordia, entra la vida y vivimos. La muerte nos lleva a la destrucción; Jesucristo lleva a la redención y vida eterna. Aquí la palabra no está diciendo que la muerte y el Señor están muy distantes, son como el agua y el aceite, están en dos polos opuestos.
Hebreos 2:14-15 dice:
«Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.»
Aquí una vez más la palabra confirma que la muerte es un imperio y que muchos estaban en esclavitud por miedo a la muerte. Es decir, la muerte es un imperio, es el diablo que esclaviza, pero dice la palabra claramente que quien tiene el imperio de la muerte es el diablo, y el Señor vino a liberar a los que estaban sujetos a esclavitud por miedo a la muerte, porque a través de él vivimos.
A través del Señor Jesucristo tenemos vida en abundancia, por lo tanto, no tenemos que temer a la muerte ya, por lo tanto, ya no somos esclavos de la muerte, del miedo a la muerte, porque a través de él tenemos vida, y vida en abundancia.
En 1 Corintios 15:21-22 dice:
«Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.»
Qué maravillosa es la palabra de Dios. ¿Alguien puede entender que aún con estas tres palabras que hemos leído, se mira con claridad que la muerte y Jesucristo no son la misma cosa? Aquí dice la palabra, en 1 Corintios 15:21-22:
«Porque por cuanto la muerte entró por un hombre.»
Por Adán; por un hombre todos morimos. Ahí reinó la muerte, ahí entró el imperio de la muerte, pero por un hombre ese imperio cae que es Jesucristo, porque a través de él, todos aquellos que en él creamos y entregamos nuestra vida y guardamos su palabra, tenemos vida y vida en abundancia. Ya no pertenecemos ni estamos bajo el dominio de ese imperio de la muerte, ahora estamos bajo el dominio del reino de Dios, el reino de vida, reino de luz.
2) La muerte entró por el pecado, y la muerte reina por el pecado.
En Romanos 6:23 dice:
«Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.»
Por el pecado entró la muerte, pero la vida, que es lo contrario a la muerte, entra a través de la salvación que el Señor nos brinda. A través del Señor tenemos vida eterna. A través del pecado todos moríamos, pero el Señor nos ha dado vida, nos ha resucitado con Él.
1 Corintios 15:55-57 dice:
«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.»
El aguijón, lo que le daba el poder a la muerte, es el pecado. Pero el Señor ha venido a redimirnos de nuestro pecado. Si en Él creemos, si verdaderamente recibimos su palabra verdadera y nos arrepentimos, el Señor nos libra del pecado.
A través de Jesucristo somos una nueva criatura. Esos pecados, negros como la noche, el Señor los limpia y los pone blancos como la nieve. ¿Qué se requiere para que nuestros pecados desaparezcan, para que nuestros pecados sean borrados, para que nuestros pecados sean olvidados por el Señor? Debemos recibir su palabra, debemos recibirlo a Él y debemos arrepentirnos del pecado y apartarnos de él. Porque si le pedimos perdón, pero luego nos vamos a pecar, pues de nada nos sirve. Pero si nos arrepentimos de corazón, si entendemos que Él es misericordioso y que si nos arrepentimos Él nos perdona y nos limpia de nuestra maldad y nos apartamos del pecado, entonces nuestros pecados son perdonados. Entonces, si guardamos su palabra, tenemos vida y vida en abundancia.
3) Los que mueren con Dios, están mejor que nosotros. La verdad os hará libres.
Otro punto importante, es una de las maneras que el diablo engatusa al mundo cuando tiene falta entendimiento, es cuando muere un ser querido, cuando muere una persona cercana o un conocido. El diablo le hace creer al mundo como que es el final de esa persona y que uno se lamente como que si una persona parte de este lugar donde estamos ahorita, lleno de maldad. Porque este mundo, un secreto, este mundo está bajo el maligno. Dice la palabra de Dios que Satanás es el príncipe de este siglo.
Este sistema que vivimos ahí afuera, ese sistema del anticristo de la bestia está lleno de maldad. Sólo que para que podamos discernir la maldad tan grande que nos rodea en todas partes del mundo, debemos acercarnos más a Dios, debemos caminar en el espíritu. Porque si caminamos en la carne todo se mira bonito, pero si caminamos en el espíritu todo está en tinieblas ahí afuera.
Pero el punto es que, si alguien muere y muere con Dios, que es otra mentira del diablo, él quiere hacer creer que todo el que muere: “Él era tan bueno”, “Esa mujer era tan buena”. Pero era fornicaria, era adúltera, borracha, drogadicta. Él era borracho, fornicario, adúltero, drogadicto, mentiroso, ingrato, sin arrepentimiento. Pero cuando se muere era muy bueno y ahí está todo el mundo supuestamente que se murió, pero cuando están vivos no le comparten la palabra. Pero si en verdad fueran tan buenos y si en verdad murieron con Dios, murieron siendo buenos, porque bueno es Dios.
Una persona que entre comillas se puede justificar, solamente justificado se puede decir que tiene algo de bueno, no que es bueno, pero tiene algo de bueno, son aquellos que guardan la palabra de Dios. Porque todo el que no guarda su palabra es malo, porque Dios es bueno y su palabra es buena, y todo el que no guarda su palabra es malo y es mala. Pero si verdaderamente alguno muere y muere con el Señor, pues claro, yo entiendo que es una persona cercana por unos días, uno se siente afligido más que nada porque hay un distanciamiento.
Es como a alguien que queremos, que amamos, y esa persona se va a ir a la China y estamos nosotros, en un país nuestro latino, por ejemplo, la verdad es que hay un distanciamiento. Y si repentinamente esa persona se va y nosotros no tenemos posibilidades de viajar hacia allá o sabemos que esa persona se va, pero que ya no va a poder volver atrás, pues la verdad es un distanciamiento ya es bastante largo.
Es entendible que uno se aflija cuando se aparta de alguien, de alguien a quien ama. Pero si entendemos la verdad, esa aflicción no dura mucho. ¿Cómo podría durar mucho si verdaderamente murieron con Dios, si verdaderamente murieron guardando la palabra de Dios? Entendemos que ellos van a un lugar mejor que nosotros. Si yo sé que alguien a quien amo fue con el Señor, yo lloraría al principio, quizás el primer día, el segundo, el tercero, porque ya no le voy a ver hasta que yo vaya con el Señor también. Pero luego lloraría por mí, porque ellos están con Dios y yo no. El que muere con Cristo está mejor que nosotros.
¿Alguien puede entender lo que decía Pablo: “que quisiera mejor partir, pero por causa de ustedes, es mejor que esté aquí un poco más de tiempo”? ¿Acaso es mejor estar en este mundo lleno de maldad que estar con el Señor? Bienaventurados los que mueren en el Señor. Dice la palabra en 1 Tesalonicenses 4:13-14:
«Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.»
Entonces sabemos que los que están con él están vivos. Si sabemos, si creemos que el Señor resucitó de los muertos y que también resucita a los que en él creen, ¿por qué nos afligimos?
En Juan 11:25-26 dice el Señor:
«Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.»
Qué maravilloso, el que cree en él no morirá jamás. ¿Alguien que crea esa palabra, que el que cree en el Señor no muere?, porque yo sí la creo. Yo sí creo que en él tenemos vida y vida en abundancia. Yo sí creo que él es fiel y verdadero. Pues si murieron con el Señor están vivos, están con él. Ahora están como los ángeles, ahora ya no tienen preocupaciones de las cuentas, ya no tienen enfermedad, ya no tienen dolor de cabeza, ya no tienen ahí a los vecinos y a otra gente endemoniada que quieren casi matar a uno. Ya no tenemos a quien nos esté persiguiendo y acusando y odiándonos porque tenemos luz en nosotros. Entonces, ¿porque es afligirnos por lo que está mejor que nosotros?
En Lucas 16:23-24 dice la palabra:
«Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.»
Yo quiero que ustedes entiendan esta parábola, aquí hay dos que murieron, uno fue a ese lugar de tormento porque no se arrepintió, no recibió la verdad y el otro, el pobre, estaba en un lugar de descanso en el seno de Abraham.
Yo creo que ustedes entiendan que aquí estaban los dos vivos, habían muerto el cuerpo carnal. Este cuerpo el Señor lo hizo del polvo, el polvo regresa, pero para nuestra alma hay dos caminos: uno es a la muerte, para los que no se arrepienten, y los que adoran a la muerte van con la muerte.
Es el punto de esta enseñanza de Exponiendo la Apostasía. Es apostasía el celebrar a nuestro enemigo. No podemos celebrar al enemigo; con el enemigo peleamos. La muerte es un enemigo. En esta iglesia muy seguidamente se manifiesta la muerte casi todos los días cuando ministro, porque aquí por la gracia de Dios oramos 8, 10, 12, 14 horas cada día, 7 días a la semana y la muerte es un enemigo que se manifiesta muy regularmente.
Pero aquí están ambos que murieron, uno estaba en un lado y el otro en el otro lado. Así pasa con las personas que mueren cerca de nosotros, o están de un lado con el diablo, si verdaderamente se arrepintieron están con Dios. Pero si ustedes observan esa parábola, léanla por ustedes mismos en Lucas 16 del 23 en adelante, como dice la palabra que Lázaro no le hacía falta nada, que era consolado. No le hacía falta nada ya a Lázaro. ¿Por qué voy yo a llorar por él? Aquí el rico era el que tenía abundancia, pero ahora es el que estaba desesperado, ya quemándose por una gota de agua, pero a Lázaro no le hacía falta nada. Así pasa con los que mueren en el Señor, están vivos como estos dos, pero ya no le hace falta nada al que murió con Cristo, ahora está bien, pero el que murió sin Cristo está en el tormento.
Pero yo te digo, también es pecado estar adorando a los que murieron en pecado. Porque ya están con el diablo y con sus oraciones, o lo que hagan por los que murieron, no van a hacer nada. La oportunidad de salvarse es ahora, la oportunidad de nosotros para salvar al alma es ahora. Por eso es por lo que tenemos que lamentarnos y llorar por nuestra familia, por nuestros hijos, pero por los que están vivos, no por los que murieron. Porque los que están vivos están muertos en el pecado. Pero si les compartimos la verdad en amor con la misericordia de Dios, podemos salvar las almas, al menos de algunos de ellos. El objetivo sería de todos, pero no todos son de Dios desafortunadamente.
Aún nuestros hijos, bienaventurados aquellos de nosotros que todos nuestros hijos e hijas sean de Dios, pero no siempre es así. David tenía varios hijos y Absalón lo persiguió a él tratando de matarlo, uno de sus propios hijos, y de un hombre con un corazón como el de Dios. Caín y Abel eran dos, y uno era del diablo, el otro era de Dios. O sea, no todos son de Dios, es algo que tenemos que entender los padres, las madres también deben entenderlo, no todos son de Dios. Entonces debemos llorar y lamentarnos por los que están vivos, vivos porque respiran y están caminando aquí afuera, pero por el pecado están muertos.
Por eso el Señor le dijo al discípulo que le quería seguir: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, y tú ve y anuncia el Reino de los Cielos”. Porque los muertos son los que están ahí afuera que están en pecado también. Todo el que está ahí afuera, que en este momento representa al mundo entero, que está bajo el maligno, estamos en la gran apostasía, mucha tiniebla aún en las iglesias, están muertos.
Por eso es por lo que habrá un gran reavivamiento final antes de la venida del Señor, que está cerca ya. Un reavivamiento, reavivamiento significa revivir, porque van a revivir, porque estaban muertos. Aún las iglesias están muertas, tienen que revivir, por eso tiene que haber un reavivamiento. Por eso tenemos que exponer la gran apostasía, por eso tenemos que exponer a la muerte, para que ya la muerte no reine en el corazón de aquellos que escuchen la verdad y se arrepientan.
4) Dios no es un Dios de muertos, sino un Dios de vivos.
Dice la palabra en Marcos 12:26-27:
«Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés cómo le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis.»
Dios no es un Dios de muertos, sino un Dios de vivos. Porque los que mueren, si verdaderamente están muertos, es porque no se arrepintieron. Porque si se arrepintieron, están vivos. Porque el que está en Cristo es nueva criatura, y tiene vida en abundancia, y no muere.
¿Alguien cree que el Señor es fiel y verdadero? ¿Alguien cree que sin Él no muere, como dice la palabra? ¿O creen que Dios es mentiroso? ¿O no se aparecieron Elías y Moisés, cuando el Señor estaba en la transfiguración? Si estaban muertos, ¿por qué aparecieron? Porque no estaban muertos, porque estaban vivos, porque murieron en el Señor, y quien muere en Él, no muere, tiene vida y vive en abundancia, vida eterna. Moisés y Elías aparecieron al Señor. Muchos años antes de la venida del Señor, ya habían partido ambos, pero se aparecieron al Señor, y aparecieron hablando, porque estaban vivos. El cuerpo de Elías él fue arrebatado, pero el de Moisés, el cuerpo, el cascarón quedó aquí, pero su alma estaba viviendo, estaba viva, porque Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos.
Juan 8:51 dice:
«De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.»
¡Wow, qué palabra tan maravillosa! ¿Cómo es que alguien que puede entender esa palabra, no se arrepiente? Dicen tener miedo a la muerte, dicen no querer morir, y aquí el Señor dice claramente, que el que guarda su palabra, no morirá jamás. Yo he hablado, que el que no se arrepiente, porque de una manera u otra, tiene un problema mental. Ustedes juzguen por ustedes mismos, no se requiere estar prácticamente mal mentalmente, para rechazar la vida. No se requiere estar mal mentalmente, para decir, yo no quiero morir, yo no quiero morir, la muerte es mala, yo no quiero, yo no me quiero morir. Pero aquí el Señor dice, que el que cree en él, tiene vida eterna, que no morirá jamás. Pero no se arrepienten, y no reciben su palabra, entonces es una locura. Dicen que no, que no quieren morir, y tienen la oportunidad de vivir eternamente, y no reciben la vida. Algo está mal, algo está mal.
Son cadenas diabólicas mentales y emocionales que el diablo crea para que nuestros seres queridos rechacen la vida que uno les presenta al compartirles la palabra de Dios. Cuando les compartimos la palabra, si les decimos: “Mira, de cierto te digo, que dice la palabra, que el que guarda su palabra, no morirá jamás”. Mas ellos responden: “¿Que me estás diciendo? Yo me quiero ir a beber, yo quiero la fornicación”. Y nosotros continuamos: “Pero la palabra dice, que el que fornica, morirá, irá al lago de fuego. La palabra dice, que los borrachos irán al lago de fuego”. Pero ellos responden: “No, eso es mentira, porque esto y aquello…”.
Pero es lo que la palabra dice, y la palabra es verdadera. Y se requiere estar mal mentalmente, para rechazar la palabra de Dios, para rechazar la vida eterna.
Lucas 23:28-30 dice:
«Pero Jesús, vuelto hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos.»
Aquí el Señor iba de camino, cargando su madero, iba a ser llevado a la muerte crucificado. Las mujeres que lloraban decían: “Lo van a crucificar”. Y el Señor se paró mirándolas, y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí, lloren por vuestros hijos”. Porque él supuestamente iba a morir, pero él sabía, que él es el autor de la vida, e iba a resucitar victorioso de los muertos. Él sabía, que los hijos e hijas de ellas, estaban muertos en el pecado.
Entonces si tenemos entendimiento, ¿por quién lloramos? ¿Por los que viven en el Señor, aunque partan? ¿O por los que están muertos en el pecado, que, si no se arrepienten, irán a la muerte, y al tormento eterno?
¿Alguien entiende, lo que quiero decir? ¿Alguien comprende? Que verdaderamente si entendemos que hay dos caminos; uno vida y uno muerte. Debemos de llorar, por los que no han recibido al Señor, aunque estén caminando, porque están muertos en el pecado. Pero los que están en Cristo, son nuevas criaturas, y tienen vida en abundancia. Por eso nos regocijamos, y si ya partieron, y partieron con el Señor, pues aún más nos regocijamos, porque ya vencieron.
Yo quiero vencer, yo persigo en mi carrera, hasta la meta. Porque no es el que inicia la carrera es salvo, los que reciben la corona de la vida eterna, son los que perseveramos, hasta el final. Yo por eso persevero, con temor de Dios. Pero los que ya llegaron a la meta, en ese camino, los que pueden decir como Pablo: “Yo he culminado mi carrera”.
No tenemos que llorar por los que llegaron al momento de culminar su carrera en victoria en el Señor, sino que tenemos que aprender de ellos. Por ellos tenemos que darle la gloria a Dios. Porque la misericordia de Dios se muestra en sus vidas, porque ya recibieron vida en abundancia, y vencieron a través del Cordero. Si entendemos la verdad de los que parten con el Señor, en vez de lamentarnos, es darle gloria a Dios, y decir: “Señor, ten misericordia de mí, así como lo tuviste de él o de ella, porque yo quiero ir contigo también”.
¿Alguien puede entender, que es más importante y valioso estar con el Señor, que todo lo que ofrece este mundo? Pero las falsas enseñanzas, no nos muestran las cosas bien. Aún en las iglesias que se lamentan: “¡Aaah, se murió fulano de tal, hermanita!”. Y si no muestran verdaderamente las cosas como son porque no hablan con entendimiento, así como yo le estoy explicando, algo está mal ahí.
Los que adoran a la muerte son los muertos, porque están muertos. Si vivimos en Cristo y conocemos la verdad, sabemos que los que han muerto con el Señor, se encuentran mejor que nosotros. Aquellos que no tienen entendimiento, juzgan a personas como yo, diciendo: “Ese no tiene amor. Porque se murió fulano de tal, y mira cómo no se lamenta”. Si murieron en pecados, están con el diablo. Si eran esclavos, mientras vivían, ahora muertos, son más esclavos, y son del diablo.
Yo peleo con el diablo a cada rato, en las oraciones, y se manifiesta muy seguido. Y los que mueren en pecado, si no se escaparon de la esclavitud, mientras vivían, después que están muertos, ya están con él, y están sirviendo al diablo, aún para destruir a la familia. Pero los que murieron con el Señor, están mejor que yo. Si murieron con el diablo, ¿por qué me voy a lamentar por los que murieron con el diablo, si son mis enemigos ahora? Pero si murieron con Cristo, están mejor que yo. ¿Por qué voy a llorar por los que están mejor que yo? Yo quiero ir a donde ellos están.
Cuando tenemos entendimiento, es liberador. Por eso es que el Señor le dijo: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, y tú ve y anuncia el Reino de los Cielos”. Es liberador cuando conocemos la verdad, la verdad nos hace libres.
5) La muerte es un enemigo, y que será destruido.
Los que adoran a la muerte, si no se arrepienten a tiempo, serán destruidos también.
La palabra nos dice en 1 Corintios 15:26:
«Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte.»
¿Qué dice la palabra? El último enemigo que será destruido es la muerte. Es decir, que ya no moriremos, ya no habrá muerte. La muerte también será destruida, por eso es el último enemigo que será destruido.
¿Dice la palabra: vayan y adoren a un enemigo? No; es un enemigo que será destruido. ¿Dice la palabra: vayan a celebrar a los muertos? No; dejen que los muertos entierren a sus muertos. Y si nosotros creemos en Cristo y somos sus discípulos, la palabra nos manda que vayamos a predicar el Reino de los Cielos. En pocas palabras; no celebren la muerte, no participen en lo de la muerte, porque eso pertenece a otro reino. Pero si ustedes son míos, vayan a predicar el reino de los cielos, que es vida, que es lo contrario a la muerte. ¿Alguien puede entender que aquí hay una distinción?
6) La manera en que las iglesias adoran a la muerte.
Les expondré claramente este punto, con esto que también encontré en Wikipedia, titulado “Día de los Fieles Difuntos”. ¿Aquí quién habla? La Iglesia Católica.
“Es una conmemoración, como una recordación que la iglesia hace a favor de todos aquellos que han muerto en este mundo; los fieles difuntos.”
Lean, les llaman “los fieles difuntos” a todos los que han muerto en este mundo. La palabra dice que es estrecho el camino que lleva a la salvación y pocos entran por él. ¿Cómo es que todos los que murieron en este mundo fueron fieles difuntos? Ahí vamos mal.
Y también dice:
“Pero aún no pueden disfrutar de la presencia de Dios, porque se están purificando, están en el purgatorio”.
De verdad que esto me hace enojar. ¿Cuál purgatorio? ¿Qué es el purgatorio? El purgatorio es una mentira del diablo. El purgatorio no existe, no en mi Biblia. Alguien que crea que el purgatorio existe, mándame el versículo donde dice que el purgatorio existe, que Dios lo creó.
La palabra dice que hay una sola vida y después de la vida viene la muerte, y claramente que el que muere con Dios está con él y el que no muere con él se va al infierno, se va junto al rico de la parábola.
Y esta misma iglesia que habla ahí representa a Babilonia, la madre de todas las abominaciones, la Gran Ramera. Esa iglesia es la que ha enseñado a los hombres y a las mujeres a fornicar y a comer cosas sacrificadas a ídolos. Esa Gran Ramera; la Iglesia Católica, es la que ha enseñado también a las denominaciones reformadas que salieron de ella misma, a también celebrar la muerte. Y celebran a la muerte el Día de Todos los Fieles, o el Día de Todos los Santos, que así lo llaman las iglesias cristianas. ¿Cuál Día de Todos los Santos?
Pero, por otro lado, ¿dónde dice la palabra que celebren la muerte? Van cada año y le prenden velitas, le llevan comida supuestamente donde murió el papá y la mamá al cementerio, le ponen una vela, le ponen un altar con rosas y cosas y con fotos. Eso es una celebración a la muerte.
Las iglesias cristianas, la pentecostal y muchas otras dice: “Oh, qué es malo celebrar a la Santa Muerte, que eso es diabólico”. Yo les comparto en el amor de Cristo, que también es diabólico que ustedes vayan a prender velas y a llevarle cosas a los muertos. Cometen el mismo pecado, tanto los que celebran y participan en la iglesia de la Santa Muerte, como ustedes, que celebran el Día de los Muertos, el día de Todos los Santos. No hay ninguna diferencia, es el mismo pecado solo que disfrazado de manera diferente.
Es parte de la Gran Apostasía, es parte de la Gran Ramera de Babilonia. Y el Señor dice: “Salid de ella, pueblo mío, para que no le toquen sus plagas”. Porque a Babilonia le vienen plagas, Babilonia será destruida, y el Señor dice: “Salgan de ella, pueblo mío, para que no les toquen sus plagas”.
Es maldad, es abominable ante Dios, el que celebren a los muertos. Las tradiciones del mundo son abominables contra Dios, es parte de la apostasía. Es decir, es el supuestamente estar con Dios, o el adorarle, pero estar bien alejado de él, a través del engaño del diablo.
Toda iglesia que celebra el día de Todos los Santos, el Día de los Difuntos, el Día de los Muertos, como le llamen, están celebrando al diablo. La palabra claramente dice que el imperio de la muerte es del diablo, y que la muerte reinó a través del pecado. La muerte es el último enemigo que será vencido, y lo que estén celebrando a la muerte y a los muertos también son del diablo. Y si no se arrepienten, van a ir al lago de fuego.
Alguno le preguntó al Señor: “¿Quién es más pecador, los que murieron en la torre que cayó y mató a muchos?” El Señor respondió: “No crean que ellos son más pecadores que los demás que están aquí en Jerusalén. De cierto les digo, que, si ustedes no se arrepienten, también morirán igual que ellos.”
Yo les digo igualmente como dijo el Señor: “No crean que los que celebran la Santa Muerte son más pecadores que los que celebran el Día de los Muertos. De cierto les digo, que, si no se arrepienten también, morirán al igual que los otros. Por lo tanto, ambos tienen que arrepentirse y verdaderamente lamentarse. Que su gozo se convierta en llanto, lloren y laméntense, porque es abominable ante Dios”.
Es brujería, es idolatría cuando van y le ponen una vela a una persona que murió hace 10 años atrás, pues están presentando su cuerpo como sacrificio vivo. A través de eso están adorando la muerte, y a través de eso, Satanás agarra fuerza de ustedes. Con esa fuerza que agarra de ustedes, pelea contra nosotros, los que estamos con Cristo.
Cada vez que hay días paganos, días diabólicos, aquellos de nosotros que estamos peleando la batalla, tenemos una guerra enorme, porque en esos días las tinieblas están súper fortalecidas. Algo que el Señor me permitió entender, que es una revelación que les comparto, es que, en esos días como la Navidad, y esos días donde el mundo celebra al diablo en ignorancia, es como cuando ustedes conectan algo en un enchufe, que de ahí sacan corriente. Es como que la gente se conecta en una cuerda donde el diablo se conecta también y le saca fuerza, le saca energía de vida. Eso hace que esos demonios se pongan muy fuertes, y tenemos una retaliación y una pelea enorme en esos días.
En esos días muchos son lastimados, en esos días cuando estamos un poquito más vulnerables los que servimos a Cristo, porque el diablo está muy fortalecido en esos días. Y todo eso a causa de esos días idólatras.
Todo el que celebra esos días le está sirviendo al diablo, aunque no lo crean así. Los católicos creen que el adorar a la Virgen no es nada. Los que adoran a la imagen de Buda, piensan que no es nada. Pero lo que ustedes crean, eso no tiene importancia. La verdad es la que nos hace libres, la que da vida en abundancia. Porque estrecho es el camino que lleva a la salvación y pocos entran por él.
Bienaventurados aquellos de ustedes que escuchan y que tienen sensibilidad en su corazón para escuchar mi palabra y entenderla y se apartan del mal. El tiempo se termina y el Señor no tendrá por inocente al culpable.
Por eso es por lo que hay unas vírgenes sensatas y otras insensatas. Las sensatas son aquellas que escuchan la palabra y se arrepienten, mantienen su lámpara llena porque están en oración, en ayuno, con un corazón contrito. Pero las insensatas representan a los que participan en estas cosas, están en apostasía, celebran a Buda, a la Virgen de María, a la Virgen de Guadalupe, la Virgen del Carmen, la Virgen del Cobre, la Virgen Negrita, la Virgen Blanca, la Virgen Morena, la Virgen Chaparra. Son como 800 vírgenes.
Las insensatas representan a los que adoran imágenes de Jesús, que hay como 800 también, y los que hacen cosas como estas y cuando escuchan la corrección, en vez de decir: “Señor, perdóname, es pecado contra ti”. No, hacen como uno de los que fue crucificado con el Señor, que aun estando en la cruz ya crucificado todavía viene y blasfema a Dios. Este representa a las vírgenes insensatas. Pero el que estaba del otro lado miró y dijo: “Nosotros sí merecemos este castigo, pero él no; este no ha hecho mal”. Este representa a una virgen sensata, porque se arrepintió, reconoció su maldad.
Bienaventurados los que aprenden de aquel que estaba crucificado y aún en ese momento reconoció su maldad y se arrepintió, porque entonces así pueden tener vida. Pero los que escuchan, y escuchando, en vez de decir: “Señor, he pecado contra ti, perdóname, me arrepiento Señor. Voy a tirar ese ídolo de la muerte, ya no celebro más a los muertos, porque si murieron contigo, están contigo, están mejor que yo.” No, sino van nuevamente a prenderle una vela, a llevarle flores y a cantar al que murió. Van a morir también y habrá llanto y crujir de dientes.
En Deuteronomio 30:15 dice la palabra:
«Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal.»
Yo les he estado compartiendo en el amor de Cristo, la vida y la muerte, el bien y el mal. Ustedes deciden, ¿qué eligen ustedes, eligen muerte o eligen vida? Bienaventurados los que eligieron vida.
Y para concluir, simplemente voy a resumir los seis puntos de lo que trató la enseñanza de este capítulo:
1) La muerte es un reino y representa al diablo. Espero que les haya quedado claro.
2) La muerte entró por el pecado y reina por el pecado.
3) Si murieron con Dios, están mejor que nosotros. La verdad os hará libres.
4) Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Los que están adorando a los muertos, están con el diablo, están adorando al diablo.
5) La muerte es un enemigo que será destruido, y los que adoran a la muerte, si no se arrepienten, serán destruidos con ella.
6) De esta manera, muchas iglesias celebran a la muerte, celebrando el Día de los Muertos, el Día de los Difuntos, el Día de Todos los Santos, y como le quieran llamar, están celebrando al diablo.
Que el Señor les bendiga, gracias por haber leído esta enseñanza.
Ahora nos tomaremos un momento para orar. Vamos a orar en contra del último enemigo que será destruido. Esto sí es sensato, esto sí es prudente, esto sí es lícito hacer, en contra de nuestros adversarios, como es la muerte, debemos de orar. Así que, en el nombre de Jesucristo yo les pido a todos se pongan de pie y oremos en contra del último adversario que será destruido, que es la muerte.
Oración.
Padre Celestial, te damos gracias por esta oportunidad que nos das. Te damos gracias, Señor, por tu palabra. Te damos gracias por exponer a nuestro adversario, nuestro enemigo, y al imperio de la muerte. Y en tu nombre, Señor, venimos en contra de la muerte y de todo su reino. Venimos en contra del imperio de la muerte, y en el nombre de Jesucristo yo ato al trono de la muerte, al hombre fuerte de ese trono, yo lo ato en el nombre de Jesús.
Que descienda una bomba atómica sobre el trono de la muerte y cause devastación y estragos, en el nombre de Jesucristo. Que todas las aguas del imperio y del trono de la muerte se conviertan en sangre, en el nombre de Jesús. Yo envío todo tipo de plagas sobre el trono de la muerte, en el nombre de Jesús. Que haya una tormenta de fuego sobre ese trono, en el nombre de Jesucristo.
Yo ato al engaño del diablo, en el nombre de Jesús. Yo ato a la Santa Muerte, en el nombre de Jesús. Yo ato a los falsos santos que son adorados el Día de los Muertos, en el nombre de Jesucristo. Yo ato a cada demonio que recibe su adoración el Día de los Muertos, en el nombre de Jesús. Todo sistema de control donde se conectan las personas en ese día, cuando celebran esas cosas, que hagan cortocircuito y se desintegren, que exploten, en el nombre de Jesús.
Que haya división entre la muerte, infierno y destrucción, y se dividan y se ataquen el uno al otro, en el nombre de Jesucristo. Que coman la carne y beban la sangre del uno al otro, en el nombre de Jesús. Que se embriaguen con la sangre del uno al otro, como si fuera vino, en el nombre de Jesús.
Yo hiero a los caballos y jinetes del enemigo con confusión y ceguera. Hay poder en el nombre de Jesús. Las puertas del Hades no prevalecerás ante la iglesia de Dios. Es más fuerte el que está con nosotros, que aquel que está en el mundo.
Yo hiero a la muerte y a todos sus ejércitos con la luz. Que una espada atraviese el corazón del trono de la muerte, en el nombre de Jesucristo. Que un gran terremoto sacuda todo el trono de la muerte y cause devastación, en el nombre de Jesús. Yo hiero a la muerte y a todos sus ejércitos con la luz. Que la piel del hombre fuerte de la muerte y de sus guardianes se les deshaga mientras ellos están de pie, en el nombre de Jesucristo. Que la lengua de la muerte se le deshaga en su boca, en el nombre de Jesús. Que los ojos de la muerte se le deshagan hasta la cuenca, en el nombre de Jesucristo. Que un gran pánico del Señor caiga sobre la muerte y sobre todos sus ejércitos, en el nombre de Jesús. Que haya una tormenta de rayos de luz y trueno sobre el trono de la muerte, en el nombre de Jesucristo.
Hay poder en el nombre de Jesús. Las tinieblas y la luz se enfrentaron y las tinieblas no prevalecieron. Las tinieblas no prevalecerán ante la luz. Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?
Yo ordeno a la muerte y a su ejército que se arrodillen, en el nombre de Jesús. Yo hiero a todos los ejércitos de la muerte con la luz. Que haya terror y confusión sobre la muerte y los que están con él, en el nombre de Jesucristo. Que un gran pánico del Señor caiga sobre la muerte y sobre todo su reino, en el nombre de Jesús.
Está escrito que aún los cautivos legales del valiente podrán ser rescatados, y que el Señor contenderá con lo que contiende contra nosotros. Y a los opresores, el Señor hará comer la carne y beber la sangre del uno al otro. Y con la sangre del uno al otro se embriagarán como si fuera vino. Y el Señor rescatará a nuestros hijos. Y todos sabrán que el Todopoderoso, que el fuerte de Jacob, está con nosotros.
Que la muerte y todos sus ejércitos se dividan y se ataquen el uno al otro, en el nombre de Jesús. Que coman la carne y beban la sangre de uno al otro, en el nombre de Jesucristo. Que se embriaguen con la sangre del uno al otro como si fuera vino, en el nombre de Jesús. Hay poder en el nombre de Jesús. Que todo el ejército de la muerte se divida y se ataque el uno al otro, en el nombre de Jesús. Yo hiero a la muerte y a los que están con él con la luz. Que descienda fuego sobre la muerte y los que están con él, en el nombre de Jesucristo. Yo hiero a la muerte y a los que están con él con la luz. Que haya una tormenta de fuego sobre la muerte y sus ejércitos, en el nombre de Jesús. Que la piel de la muerte se le deshaga mientras está de pie. Que la muerte y cada uno de sus ejércitos, iniciando por los hombres fuertes de la muerte, se enciendan en llamas, en el nombre de Jesucristo. Que haya terror y confusión, sobre todo el reino de la muerte, en el nombre de Jesús.
Toda maldición de muerte que afecta la familia generacional a través de la idolatría, a través del pecado, yo la rompo en el nombre de Jesús. Toda maldición de muerte prematura, de cama de enfermedad, por la idolatría, por celebrar el día de los muertos, por prenderle velas a los muertos, por orar por muertos, es pecado también el orar por muertos. Por los muertos ya nada podemos hacer, oren por lo que todavía respiran.
Toda maldición, todo pacto con la muerte, a través de celebrar la muerte, yo la rompo en el nombre de Jesucristo. Toda maldición por haber participado nueve días supuestamente que para los muertos, yo la rompo en el nombre de Jesús.
Yo cubro toda la línea sanguínea de cada persona que me escucha con la sangre de Jesucristo. Que haya fuego y luz en la línea sanguínea de cada uno de ustedes, en el nombre de Jesús. Que todos los demonios generacionales se enciendan en llamas y se quemen, en el nombre de Jesucristo.
Yo hiero los caballos y jinetes del enemigo con confusión y ceguera. Yo hiero toda oscuridad con la luz. Que toda oscuridad arda llamas, en el nombre de Jesucristo. Que la piel de cada demonio se le deshaga mientras ellos están de pie, en el nombre de Jesús.
Yo hiero la muerte y sus ejércitos con la luz. Fuego de Dios sobre la muerte, en el nombre de Jesucristo. Hay poder en el nombre de Jesús.
Nosotros recibimos poder y autoridad para pisar serpientes, escorpiones y todo el poder del enemigo. Y nada por ninguna razón no pueda hacer daño. Ellos se reunirán contra nosotros, pero no por él. Y los que se unan en contra nuestra perecerán a causa nuestra.
Yo hiero los caballos y jinetes de la muerte con confusión y ceguera, en el nombre de Jesús. Que la muerte, infierno y destrucción se dividan y se ataquen entre ellos mismos el uno al otro, en el nombre de Jesucristo.
Que coman la carne y beban la sangre del uno al otro, en el nombre de Jesús. Que se embriaguen con la sangre del uno al otro como si fuera vino, en el nombre de Jesús. Yo hiero a la muerte y a los que están con él con la luz.
Hay poder en el nombre de Jesús. Que descienda terror y confusión sobre todo el trono de la muerte, en el nombre de Jesucristo. Que la fundación del trono de la muerte se desintegre y caiga, en el nombre de Jesús. Yo hiero todo su reino con la luz, en el nombre de Jesucristo. Que la luz brille en todo el reino de la muerte, y los demonios de ese reino se empiecen a desintegrar todos, en el nombre de Jesucristo.
Toda cadena y grillete de la muerte que estaba en nuestros seres queridos que se rompan, en el nombre de Jesús. Donde está el Espíritu de Dios hay libertad. Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?
Yo cubro a cada miembro de la familia de cada uno de nosotros y de los que me leen, con la sangre de Jesucristo. Que haya fuego y luz en cada uno de ellos, en el nombre de Jesús. Todo lo que provocaba a ellos la muerte, que es el pecado, que se queme, en el nombre de Jesús. Todos esos demonios de esclavitud que los mantenían esclavos al pecado, que se enciendan en llamas y se quemen, en el nombre de Jesucristo.
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Pastor Francisco Gomez
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